¿Por qué siento que tengo que decir algo? ¿Qué se puede decir cuando se va una de las perlas de la reflexión honesta? ¿Qué sentido tiene pensar en esto?
Leía la nota de Caparrós en la contratapa de Crítica y me sentía en el descanso de una escalera que los tenía a ellos, "los intelectuales", en cada escalón. Leía el escrito que un compañero envió por mail sobre Nicolás y recordaba el último párrafo, en el que Casullo, cuando le pregunta si prefiere ser presentado como "filósofo", "sociólogo" o "ensayista", dice "Profesor de la Universidad de Quilmes".
¿Qué sentido tiene decir que ayer llegué a casa del laburo y no podía llorar? ¿Qué sentido tiene tratar de describir el vacío de sentir que no hay continuación, que no hay discípulos, que no hay "corriente del pensamiento"?
¿Adherir a las Cartas Abiertas es ser intelectual progresista como lo fue Casullo? ¿Lo es militar en "las izquierdas"? ¿Lo es analizar la realidad por sus costados tirantes? ¿Lo es honrar el rol docente desde la excelencia y la convicción?
Escucho respuestas y no son todas iguales. Caparrós empieza con un "pero" y sigue con un "aunque". Parece una broma. A los intelectuales se los mira, a veces, como si se los pudiera honrar enteros. Pero los honramos de a pedazos. A cada uno, como las prendas del Cristo echadas a suerte, le toca una parte. "Rescato al profesor", "al intelectual", "al visionario", "al escritor"...
Caparrós rescata pedazos, también. Vistas fragmentarias de una vida. De instantes de una vida que fue rica y enriquecedora, y que se apagó por una de esas pestes que vacían la esperanza como si nada valiera.
Casullo, incluso, muere el mismo año que su "mejor amigo", que dirigió la Biblioteca que ahora lo tiene en su regazo. Descansar en una biblioteca. Maravilloso. Porque en una biblioteca también nació Casullo
